dissabte, 5 de març del 2016

Fish and Chips I

Nos sonaba el despertador a deshora. Con la cara larga, los pelos grasientos y la temperatura no acompañaba, pero no por ser demasiado fría, sino por no tener el cuerpo recuperado, ya que seis de las ocho horas dormidas, fueron con un ronquido desgarrador entre oreja y oreja.

El Sol no reinaba en el cielo y esperábamos que así fuese, ya que quisimos olvidar el cielo azul, las palmeras y la cabeza caliente.Empezábamos con las pilas cargadas y los pies ligeros. Las risas abundaban, así como las sorpresas inesperadas. Cada persona nos podía aportar una idea, y cada rincón una solución. Hicimos del subsuelo nuestra casa y ella nos llevó a muchos rincones desconocidos para nosotros, pero visitado por muchos. No tardó en llegar el tembleque y el dolor de cabeza, así que las horas se convirtieron en montañas y los pasos en pinchazitos debajo de los pies...

Nos sorprendió la inmensidad de la ciudad y sucumbimos al cansancio, aportándonos tan solo la necesidad de descansar y respirar. La gente ya no nos aportaba nada, mentira, nos molestaba y los sitios se volvieron lúgubres. Sin un ápice de sonrisa en nuestros rostros, la llegada a casa se hizo larga..

Llegamos allí y nuestro mejor "¡Ohh!" salió de nuestros adentros. Perdimos facilidad de habla y la gente seguía molestándonos. Empezó el pensamiento interno y fluyó en palabras como estas, pero el viaje no había terminado y el día siguiente mejoraría con nuestra experiencia adquirida y los consejos de aquella que guiaba parte de mi vida.



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